En mi anterior post os conté mi última escapada a Berlín, pero dejé lo mejor para el final. Me faltaba hablaros de uno de los lugares que más me sorprendieron. Seguro que muchos adivinasteis cuál era, gracias a la pista que os deje: un lugar elevado, pero que no se puede clasificar como una montaña. Pero para los que todavía no sepáis de qué lugar se trata, os presento Teufelsberg, La Montaña del Diablo.
¿Qué tiene de particular este lugar?
Esta colina de 115 metros de altura ubicada a las afueras de Berlín, fue creada de manera artificial después de la II Guerra Mundial con los escombros de más de 400.000 edificios derribados con los bombardeos. Hoy en día parece un auténtico fenómeno de la naturaleza, una montaña real que se integra a la perfección con el entorno del bosque de Grunewald, ubicado en la antigua zona del sector británico del Berlín Occidental.
La increíble historia de Teufelsberg
Durante la II Guerra Mundial, en el lugar donde hoy se encuentra Teufelsberg, se erigía una escuela técnica militar nazi, la Wehrtechnische Fakultät creada por el arquitecto predilecto de Adolf Hitler, Albert Speer.
Tras la guerra se quiso demoler el edificio pero era demasiado sólido y se decidió sepultarlo bajo toneladas de escombros producto de la ciudad arrasada. Así es como en 1957 se llegaron a verter 10 millones de m³ de escombros amontonados formándose así la montaña más alta de Berlín. En ese mismo año, los servicios secretos americanos e ingleses, la NSA, Agencia Americana de Seguridad Nacional construyó sobre la colina una de las bases más grandes de escucha durante la época de la guerra fría.
Tras la reunificación de Alemania, en 1991, se abandonaron las instalaciones de la base espía y hoy en día se puede visitar lo que queda de los restos de los edificios y cúpulas de los radares.
En 2007, la colina volvió a recuperar protagonismo cuando el director de cine David Lynch la compró y se anunció que en su cima quería construir una “universidad” de la secta esotérica Transzendentale Meditation (TZM).
Una historia digna de contar, un lugar underground que no te puedes perder si visitas Berlín.
Cómo llegar: con el el S-bahn hasta Grunewald y después caminar una horita aprox. por un bosque. Paseo agradable que merece la pena.
Lo mejor: las increíbles vistas de toda la ciudad y la sensación de estar sobre la sepultura de una ciudad devastada.